Cuidados profesionales

BIO Mérida García

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Mérida García

Dijo un sabio chino «Tenemos dos orejas y una boca, pero sin embargo hablamos el doble de lo que escuchamos»

Es dificil hablar honestamente de uno mismo sin caer en los extremos o lo que es peor, no comunicar.  Me llamo Mérida García y soy técnico en estética. Actualmente trabajo como esteticista formadora y comercial en Laboratorios Kosei. 

Siempre me gustó comunicar, hablar, expresar…

Mis primeros intentos de comunicar fueron fruto de la inquietud infantil; a través del juego, la imaginación y la curiosidad fui descubriendo cómo hacer del juego mi vocación.

Nada más divertido con aquella edad que saltarme la siesta. La verdad que a estas alturas creo que mi siesta era un descanso para mis mayores… En fin, durante mi «no siesta» me entretenía jugando a la oficina y montaba mi mesa de despacho en la cómoda de mi madre. Contaba con todo lo necesario, un asa vieja de madera de vaya usted a saber a qué herramienta perteneció y que hacía las veces de teléfono; un perfumador de cristal con borla de flecos, que servía como soporte para el teléfono y un abanico hecho de papel en forma de acordeón que al teclearlo hacía un ruido que a mí se antojaba la mejor máquina de escribir del mundo. Y lo mejor de todo era mi interlocutor, mi propio reflejo en el enorme espejo de la cómoda que siempre me daba la razón.

Claro que eso de que siempre estén de acuerdo con todo lo que digas… pues llega a aburrir… y aquella niña del espejo nunca me llevó la contraria.

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Cuando terminaba mi jornada de oficina en ocasiones iba a visitar la pelu del barrio, una de las tres que había en los años 60.

Era maravilloso ver aquellos secadores con forma de medio pepino gigante que tenían rueditas frontales para programarlos y que yo pensaba que le daban cuerda en frente a las señoras para que no hablaran durante un rato y justo cuando salían del secador volvían a hablar… pero algo más alto. Estar en la pelu de Nieves era entrar en un mundo de sensaciones y olores, olores a cera caliente, a laca para el pelo, a cremas y pintura de uñas…. Ay! Y que contar del carrito lleno de preciosísimas pinturas de uñas de todos los colores y de todas las formas de tapas…

Una vez que las señoras volvían a hablar, Nieves les hacía unos moños imposibles y altísimos, después les pintaba las uñas y … ¡que guapas salían! Ese cambio de señora triste a señora guapa, nunca ha dejado de asombrarme, aunque no lo entendía bien, era algo mágico que no se veía, pero se notaba… La misma persona entraba como de color gris y después salía resplandeciente. Era muy sorprenderte.

Y de pronto crecí y sin saber muy bien cómo, acabé en el mundo de las ventas, donde de nuevo ponía en práctica mis horas de niñez frente al espejo.

Pasé por varias empresas, muchas de ellas relacionadas con el mundo de la cosmética y de la farmacia y de pronto sentí una necesidad imperiosa de formarme como esteticista. Durante cinco largos años compaginé mis estudios de estética superior con el trabajo en la calle, de comercial quiero decir.

Y por fin decidí dar el gran salto, abandonar el trabajo de comercial y trabajar de lo que realmente me gustaba, de esteticista. Primero para los salones de otros y después para el mío propio… y llegó la crisis y con la crisis mi gabinete se vino abajo así que volví a mis orígenes como comercial y es así como estoy en Kosei, como técnico de formación de estética.

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 Entiendo el trabajo en cabina como una mezcla de saber hacer y de psicología, de saber captar las señales que envían quienes vienen a mi gabinete; señales que tienen forma de anhelos, deseos, necesidades o inquietudes. Muchas veces las preocupaciones estéticas vienen acompañadas de palabras, pero otras no, y éstas son las más difíciles de escuchar o de interpretar.

Por eso, cuando alguien entra en cabina para ser atendido, empieza su momento «crisálida» de gusano a mariposa, donde siempre intento que se cumplan sus sueños en realidad… en forma de piel radiante y luminosa, en manchas que se atenúan y desaparecen, en pelos incómodos que dejan de estar ahí o en relax absoluto como resultado de un agradable masaje reparador.

Mi fin en ese momento es que sientan que yo estoy aqui, pero que no lo noten. 

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Mérida García  

Técnico Superior en estética. Formadora. Comercial

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